miércoles, 26 de abril de 2017

La eutanasia según la ciencia


INTRODUCCIÓN
Por eutanasia se entiende lo siguiente: “ 1.-Muerte sin sufrimiento físico, buena muerte y, en sentido estricto, la que así se provoca voluntariamente. 2.-Doctrina o teoría que justifica la acción de facilitar la muerte sin sufrimiento a los enfermos sin posibilidades de curación y que padecen dolores físicos”
Esto lo veremos desde tres puntos de vista diferentes entre sí como son el punto de vista científico, punto de vista ético y punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia.
Es un tema sumamente polémico en el que su argumento central es el que a continuación se detalla:
¿Puede una persona ayudar a morir a un enfermo incurable?
Obviamente, este argumento plantea a su vez una serie de interrogantes sociales y éticos de igual o mayor dimensión que los planteamientos científicos.
Veremos como la eutanasia puede ser un alivio para el que la pide y un suplicio para el que la ejecuta.
VISIÓN CIENTÍFICA DE LA EUTANASIA
Desde un punto de vista científico la eutanasia en nuestra sociedad actual la iremos descubriendo siguiendo los puntos que trataremos a continuación.
Un primer punto es el aumento numérico de los casos de eutanasia. En los últimos años miles de personas han recurrido a la eutanasia para acabar con su vida. En su inmensa mayoría han sido enfermos terminales de cáncer los que recurrieron a esta forma de acabar con sus vidas.
Otro punto característico de hoy es el incremento de las formas de eutanasia. De aquellas más clásicas, para los enfermos terminales, atormentados por el dolor, pasamos ahora a las formas más modernas de eutanasia: se da por ejemplo la eutanasia de los niños nacidos con deformidades, la eutanasia a enfermos parapléjicos, también una eutanasia prenatal, que interviene sobre el feto antes de su nacimiento; así como la eutanasia de los ancianos inválidos.
Pero hay un tercer punto con aún más relevancia: la actitud que se asume en relación a estos casos de eutanasia. Hemos pasado de una actitud de condena y rechazo muy clara, precisa y fuerte, a una actitud de tolerancia con relación a los casos más graves; más aún, hemos ido más lejos y la actitud más difundida parece ser la de la aceptación. No faltan personas que extienden más esta actitud y se empeñan en favorecer y promover la eutanasia. Es cierto que usualmente se apresuran a decir que se trata de los casos más graves, pero luego la gravedad se define en las formas más elásticas o contradictorias.
Otro punto de la eutanasia hoy se relaciona con las motivaciones interiores que mueven a solicitar la eutanasia. Una de las más difundidas es la así llamada piedad ante los sufrimientos indecibles e insoportables. Pero hay otra motivación más: la de quien habla de una vida que en algunos casos no tiene valor. Otros van más lejos y piensan que los enfermos y los ancianos significan un problema muy grave para nuestra sociedad, porque constituyen un peso, no sólo económico, sino también psicológico.
Quisiera señalar también esta otra motivación. En una sociedad capitalista como la nuestra nos encontramos con personas que piensan que con su vida ellos pueden hacer lo que quieran. Es un pensamiento muy extendido en las economías más avanzadas.
Actualmente la eutanasia se encuentra legalizada en algunos países, los enfermos terminales pueden pedir que se les someta a una muerte asistida sin dolor alguno. Estos deben encontrarse con plenas capacidades mentales y ejercer este “derecho” libremente. En definitiva, la ley les autoriza a ser “ejecutados”.
2. Este es el rostro actual de la eutanasia, estos son algunos elementos que lo pintan. Sería interesante, a este punto, investigar las diversas causas que explican esta perspectiva cultural, cada vez más presente en nuestra sociedad. Sintetizándolo en una palabra, podremos hablar de una banalización extrema de un valor fundamental de la existencia humana, tal como es el de la vida y de la muerte. Todo esto puede parecer muy lejano a nosotros y en cambio es mucho más cercano de lo que se piensa. Para demostrarlo quisiera mencionar una noticia muy reciente, de mitad de enero: el nacimiento en Turín de una asociación, que se llama Exit y que toma el nombre de una asociación nacida en Holanda y que tiene como objetivo legalizar la eutanasia.
http://html.rincondelvago.com/eutanasia_vision-cientifica.html

miércoles, 19 de abril de 2017

punto de vista religioso

Por otra parte, desde el punto de vista religioso la eutanasia es un acto repulsivo e intolerable ante los ojos de Dios, ya que Él es el único creador de la vida humana, y desde la perspectiva de la Iglesia, solo Él puede dar y quitar la vida a los seres humanos; es decir, la vida tiene un valor de carácter inviolable impuesto por Dios. Asimismo, “la eutanasia y el suicidio asistido, ya sea aceptado por el paciente o no, son crímenes abominables contra la humanidad” y “lo que un paciente que se quiere suicidar necesita, no es que le faciliten el suicidio, sino que le brinden amor, solidaridad y una verdadera ayuda médica”. (Vida Humana Internacional, 2000, párr. 5). Además de esto, si una persona sea cual sea su condición, opta por suicidarse de algún modo, será condenada al sufrimiento eterno puesto que “ningún hombre posee el derecho de quitar la vida, excepto cuando Dios a delegado esa autoridad” (Perry, 2008, párr. 6) e iría en contra de la Ley Santa de Dios, la cual indica que si un ser humano se suicida, será condenado eternamente.
Respecto a esto, “la eutanasia activa –suicidio asistido- no es un respeto a la libertad de la persona, sino la decisión de un tercero –legislador o juez- sobre qué vida merece la pena ser vivida” (Anónimo, 2011, párr. 2), lo cual es a su vez un acto de discriminación hacia las personas que sufren enfermedades, ya que su vida es clasificada según la utilidad y la calidad que ésta tenga. Por otra parte, también desde el punto de vista bioético la eutanasia es mayormente una llamada de auxilio y no debe ser tomada del todo como una decisión concreta y bien estructurada. Esto se debe a que “con frecuencia el shock inicial del diagnóstico y el temor al proceso de la enfermedad pueden ser impactantes” (Perry, 2008, párr. 8), lo cual privaría en ese momento a las personas de pensar con lucidez y de tomar la decisión correcta, sin darles la oportunidad de afrontar su nueva realidad y, si se aplicara la eutanasia en estos casos, podría causar una terrible carga de conciencia a los familiares que la aprobaron.

razones a favor de la eutanasia

¿Por qué respaldar el proyecto de ley sobre el derecho a la muerte digna que pasó a segundo debate en el Congreso?
Hay buenas razones para que una mayoría dentro y fuera del parlamento esté de acuerdo con la ley, incluyendo a creyentes y conservadores moderados. Por ello el proyecto pasó en primer debate y tiene futuro en los que vienen.
La primera es que el proyecto es bastante prudente, como lo mencionaba en mi columna anterior. Tiene un procedimiento exigente para certificar la libre voluntad y la condición médica de los pacientes que pidan la terminación de su vida en situaciones extremas de enfermedades terminales o lesiones irreversibles. Ningún médico ni clínica puede ser obligado a practicar la eutanasia. Nadie puede forzar a un paciente o a su familia a acelerar la muerte.
De modo que le permite a cada quien vivir (y morir) según sus convicciones. Los pacientes y los médicos que entiendan que la muerte digna es la que llega después de hacer hasta el último esfuerzo para alargar la vida, pueden optar por hacerlo. Pero quienes prefieran evitar semanas o meses de sufrimiento extremo por considerar que la muerte en esas circunstancias es más digna que la agonía, podrían acortar la dolorosa espera.
Por eso el debate sobre la eutanasia es distinto al del aborto. Esta es la segunda razón por la que es probable que el proyecto sobre muerte digna tenga un apoyo mayoritario, a pesar de la confusión entre aborto y eutanasia que han creado tanto los críticos como algunos defensores del proyecto. No es cierto que, como dicen los primeros, la ley vaya a obligar a los médicos a convertirse en “verdugos”. Al contrario, les permite seguir los dictados de su conciencia, que es justamente lo que las jerarquías católicas y cristianas piden en el caso del aborto.
Además, a diferencia del aborto, en la eutanasia no hay ninguna disputa sobre la existencia de otro ser que estaría en peligro: la única vida que está en juego es la de un paciente adulto que expresa libremente su voluntad. Por eso mismo, tampoco es cierto que, como lo dice el ponente del proyecto (el senador Armando Benedetti), la eutanasia sea un asunto de derechos de minorías. Este tema no debería enfrentar la oposición masiva del aborto; por el contrario, es probable que las mayorías ciudadanas y políticas estén con el proyecto, si tienen a la mano la información completa y objetiva sobre la ley, y no las versiones distorsionadas que circulan algunos de sus detractores.
Hay una tercera razón que no ha sido discutida. La ley sobre eutanasia activa tendría efectos indirectos sobre el derecho que hoy tienen los pacientes a pedir que no se les alargue la vida artificialmente con tratamientos invasivos y costosos, que a lo sumo logran unas semanas o meses más de vida: las diálisis renales, las dosis de insulina, los tratamientos agresivos para mantener el corazón latiendo aunque se sepa que todo es en vano y el paciente sólo no los quiera. Esta forma pasiva de eutanasia, a pesar de ser perfectamente legal, se encuentra en la práctica con el poderoso obstáculo del temor de los médicos y las clínicas (que con frecuencia comparten la opinión del paciente) a meterse en líos jurídicos con cualquier tipo de eutanasia, si no intentan todos los tratamientos posibles a pesar del querer de quien agoniza.
En últimas, los efectos directos e indirectos de la ley se reducirían a darles opciones a los pacientes sobre cómo morir. Como lo dijo Sir Thomas Hugues, un reconocido médico inglés que dirige una clínica para pacientes que prefieren no alargar los tratamientos de enfermedades terminales, “se trata de reconocer que una persona está muriendo, y de darle opciones. ¿Quiere tener una máscara de oxígeno sobre su cara? ¿O le gustaría poder besar a su esposa?”.

http://www.elespectador.com/opinion/tres-razones-favor-de-la-ley-sobre-eutanasia-columna-381322

la eutanasia en contra



No le ponemos un nombre más "dulce", porque no lo tiene; que algunos se inventen sus propias historias y justificaciones al respecto -bien alejadas de la realidad, por cierto-, es otro cantar.
De acuerdo con el Santo Padre, "la eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante «perversión» de la misma.
En efecto, la verdadera «compasión» hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes --como los familiares-- deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos --como los médicos--, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas.
La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o legisladores, se arrogan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir.
De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de 
toda relación auténtica entre las personas. El deseo que brota del corazón del hombre ante el supremo encuentro con el sufrimiento y la muerte, especialmente cuando siente la tentación de caer en la desesperación y casi de abatirse en ella, es sobre todo aspiración de compañía, de solidaridad y de apoyo en la prueba. 


https://www.aciprensa.com/eutanasia/noeutanasia.htm